lunes, 12 de noviembre de 2012

Escribo lo que siento...



Me preguntaron que por qué no escribía lo que siento.
La respuesta es muy simple, la gran mayoría de las veces los humanos no queremos hacer públicos nuestros pensamientos, sea porque glorifican a otro ser humano y su ego ya de por sí grande puede hincharse aún más o porque lo sepultan bajo toneladas de mierda. Simplemente es muy confuso saber a ciencia cierta lo que sentimos y si ya de por sí es complicado sentirlo, imaginen interpretarlo y plasmarlo. Según Herman Hesse, el lobo estepario se encuentran en conflicto permanente el humano racional y de fácil satisfacción con objetos mundanos sin amplia ciencia, pero en el otro polo nos encontramos un lobo sediento de sangre e instinto feroz que no le permite andar entre los humanos sin ser cuestionado. Es muy simple, yo no escribo, ni leo, ni miro, ni escucho, pero sí sueño, y creo, invento y destruyo, sacrifico una y otra vez mis pensamientos, los buenos y los malos por igual, me dedico a imaginar y desimaginar, me hundo y luego saco a flote aquello que más me gusta. Me pierdo en los acordes musicales de una buena melodía al piano, la piel mojada de una mujer desnuda y sus jugos combinándose con los míos, un chocolate y un atardecer, una pelea de perros, un río creciente, un niño que llora, cosas tan simples que sería difícil escribirlas, cosas que en mi mente crean historias pero ahí se quedan, sin poder decir más, sin poder irse al papel o a la radio, no se imprimen en el sensor de mi cámara, sólo sellan pensamientos internos que ahí viven, que no quieren salir al sol, que prefieren mantenerse pudorosos, mejor eso que ser burlados por la sociedad ya descompuesta en la que tenemos mucho tiempo viviendo. Mejor en la oscuridad de mi memoria que a la luz de los críticos. Mejor ahí, donde lo que siento se queda donde debe estar, dentro de mi poco raciocinio humano, dentro de mis latidos y mi sudor, donde solamente yo puede burlarme, destruir y recrearme con mi sentir. Donde nadie mas que yo es el dueño y verdugo de cada una de las imágenes que he visto, de los labios que he probado, de las tristezas que he sufrido y las frutas que he probado. Ahí yo soy el dueño. Escribo mentalmente lo que siento, escribo libros, guiones, música, escribo todo en mi mente...
Escribo para no ser leído, escribo para no ser escuchado y también para no ser criticado.
 
Así cuando muera nadie me reprochará que no escribí algo hermoso ni podrá nadie culparme de haber hecho públicos sus secretos más íntimos...
Así es que, sí escribo lo que siento...